Balance de la
Economía Argentina



PRINCIPALES FACTORES PARA UN CAMBIO EN LA ORGANIZACIN ECONMICA REGIONAL DEL CONO SUR

CAPÍTULO 8: PRINCIPALES FACTORES PARA UN CAMBIO EN LA ORGANIZACIN ECONMICA REGIONAL DEL CONO SUR

Una de las principales iniciativas en el cambio de la organización económica y social del Cono Sur se basa en el fortalecimiento del federalismo, mediante el cual se logre una adecuada descentralización que distribuya los recursos, el poder y las decisiones en una forma más racional. Para ello hace falta introducir un conjunto de factores de cambio en el entorno económico actual tales como el capital social e intelectual, la regionalización y las alianzas interregionales, los conglomerados de actividades y las cadenas de valor, el desarrollo de la infraestructura regional y los mercados regionales de capital.

Con esos factores será más sencillo lograr una economía caracterizada por una mayor participación e interrelación sectorial y regional que genere productos con alto valor agregado y mejore las remuneraciones del mercado laboral basadas en la permanente incorporación de conocimiento e innovación. 

 

8.1 Introducción

Cuando se intenta abordar el tema de la evolución económica y las perspectivas del Cono Sur de nuestro continente es especialmente importante evaluar la trayectoria de la región durante los últimos años para luego medir nuestra capacidad potencial de integrarnos exitosamente al resto del mundo en un contexto cada vez más cambiante y competitivo.

El crecimiento económico promedio de la región no ha sido satisfactorio durante las últimas décadas, en especial cuando se lo compara con otras regiones en desarrollo similares. En ese contexto, Chile ha sido una excepción y un ejemplo en cuanto al tipo de organización económica prevaleciente y a las políticas aplicadas. A pesar de ello, Chile todavía tiene pendiente una importante tarea en materia de distribución del ingreso y se beneficiaría notablemente si pudiéramos impulsar la integración regional en el ámbito del Cono Sur. 

La región no ha logrado alcanzar un nivel de integración regional satisfactorio que nos permita obtener economías de escala y un posicionamiento global en los mercados mundiales.

Los resultados mediocres en materia de crecimiento promedio y de distribución y las deficiencias en la integración regional fueron acompañadas por una estructura productiva que se caracterizó por el bajo valor agregado de la producción de los bienes y servicios ofrecidos y la existencia de un significativo número de empleos precarios en las economías más atrasadas.

Si bien es cierto que existieron escenarios económicos mundiales que nos perjudicaron y en más de una oportunidad sufrimos las consecuencias de los errores en la elección e implementación de las políticas económicas llevadas a cabo por distintos gobiernos, hay otros aspectos más profundos de nuestras crisis que se relacionan con los prolongados períodos en los cuales nos alejamos del estado de derecho.

En la mayoría de los países que componen el Cono Sur del continente la debilidad de las instituciones y la baja calidad de la educación dieron espacio a actitudes autoritarias personalistas coincidentes con una escasa participación de la sociedad civil. 

Es por ello que no resulta extraño observar la debilidad o bien la ausencia de factores íntimamente ligados al desarrollo económico como el conocimiento aplicado y la innovación tecnológica, el desarrollo de un verdadero federalismo con economías regionales fuertes, una infraestructura física acorde a las necesidades productivas e instituciones de financiamiento de carácter regional orientadas hacia la inversión. 

Trataremos de identificar cuáles son estos factores esenciales que deberían incorporarse para contribuir a la formación de una nueva estructura y organización económica regional en la mayoría de los países.

8.2 Rasgos del crecimiento económico en Sudamérica

Tal como se dijo al comienzo, no todas las economías regionales crecieron en la misma proporción. Por ejemplo, Argentina tuvo un crecimiento per cápita prácticamente nulo entre los años 1974 y 2004 mientras que Chile aumentaba su PIB per cápita más de dos veces durante el mismo período. Si nos comparamos con un país fuera de nuestra región como Irlanda que multiplicó su PIB per cápita por cuatro veces el retraso relativo de Argentina - es aún más evidente.

La teoría económica reconoce que los factores económicos que determinan el crecimiento de una economía son la inversión en capital, la mano de obra empleada y la productividad total de los factores productivos involucrados. Por lo tanto, la inversión bruta fija ocupa un lugar importante a la hora de explicar las tasas de crecimiento de largo plazo. A su vez, el nivel de inversión y productividad dependen de un conjunto amplio de aspectos económicos, sociales, políticos y culturales. 

En ese ámbito, dos de los escollos que dificultan la inversión y que más preocupan a los emprendedores en los países en desarrollo son la incertidumbre macroeconómica y la inestabilidad normativa. Ambos factores están relacionados con el grado de fortaleza política y económica, la calidad regulatoria, el control de la corrupción y el imperio de la ley que de forma directa e indirecta se relacionan entre sí conformando un entorno favorable o desfavorable para la inversión cuando se lo compara con las otras alternativas en los que la misma decisión también podría ser implementada. 

Un ejemplo de las diferencias en la percepción que tienen los inversores de los países desarrollados respecto a las variables mencionadas puede observarse en el Capítulo 5 del Balance de la Economía Argentina del año 2005, donde se aprecia que Chile se destaca por ser percibida como una economía con mayor estabilidad política y calidad regulatoria que Argentina y Brasil. 

 

8.3 La integración económica en el Cono Sur 

El bajo crecimiento promedio de la región y las principales dificultades mencionadas para superar la pobreza, la desigualdad y el trabajo precario que caracterizan buena parte de nuestras economías, son factores que también crearon serios escollos para el proceso de integración. 

La experiencia reciente indica que el fuerte crecimiento del comercio mundial junto con los avances tecnológicos en materia de información y comunicaciones están consolidando una economía global cada vez más integrada. Crecimiento, inversiones e integración se relacionan significativamente entre sí, consolidando el funcionamiento de bloques económicos que compiten por un espacio en la economía global. 

Sin embargo, en nuestra región el proceso de integración no ha sido satisfactorio, lo que se suma a un posicionamiento demasiado sesgado hacia la producción de materias primas y sin la escala suficiente como para competir en la provisión de manufacturas de bajo valor agregado. 

Es conveniente repasar brevemente algunos rasgos de nuestra historia en materia de integración para tener una idea de la magnitud de los esfuerzos realizados. La geografía pareció tener un papel significativo a la hora de definir las iniciativas integradoras. En ese sentido, pueden distinguirse dos ejes que sirvieron de referencia geográfica a los esfuerzos de integración en el Cono Sur. 

El primero de ellos es el área del territorio que se extiende a ambos lados de la Cordillera de los Andes, comprendiendo hacia el oeste el espacio hasta la costa del Pacífico y hacia el este una superficie similar o aún mayor.

El otro eje vertical es la Hidrovía Paraná-Paraguay, la que puede ser considerada como la columna vertebral de la Cuenca del Plata. Dicha cuenca comprende un territorio de 3.100.000 Km2 que se extiende sobre cinco países de la región 1

La Cordillera de los Andes fue la geografía que sirvió de marco de referencia a una importante iniciativa de integración en el Cono Sur. El 26 de mayo de 1969, se firmó entre los gobiernos de Colombia, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú el Acuerdo de Integración sub-regional denominado Pacto Andino.

En el caso de la hidrovía Paraná-Paraguay, el primer intento de integración nació con el Tratado de la Cuenca del Plata, suscripto por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay el 23 de abril de 1969.

 


En el capítulo 10 se analiza la infraestructura relacionada con el desarrollo económico. En el mapa 10.1 de dicho capítulo se pueden observar claramente  los ejes de desarrollo e integración en el Cono Sur.


Cuatro de los cinco países de la Cuenca del Plata firmaron 22 años después el Tratado de Asunción dando origen al MERCOSUR el 26 de marzo de 1991. 

Ambas iniciativas, el Pacto Andino y el MERCOSUR, encuentran como punto de partida al primer Tratado de Montevideo del año 1960. Dentro de pocos años más, cuando dos países de la región, Argentina y Chile, festejen sus respectivos bicentenarios estaremos al mismo tiempo terminando un ciclo de 50 años de nuestra historia de integración, que si bien tuvo algunos logros significativos no tiene hoy la fuerza que sería deseable para lograr un progreso económico y social sostenido a largo plazo. 

Uniendo los dos ejes verticales que se mencionaron, uno centrado en la cordillera y el otro en la hidrovía Paraguay-Paraná, distinguimos un amplio espacio al que podríamos denominar el Corredor Bioceánico Central, cuyo propósito principal debería ser el de unir los territorios de influencia de los dos océanos, una tarea que a pesar de los esfuerzos realizados no ha sido hasta ahora demasiado exitosa. 

Ahora bien; ¿cuáles fueron los principales escollos culturales y de política económica que obstaculizaron la integración a pesar de tantas iniciativas e intentos de acercamiento como hubo en estas últimas cinco décadas?

Debemos comenzar por mencionar que el proceso de integración no es un hecho aislado que pueda considerarse en sí mismo como la resultante de una planificación determinada y un conjunto de decisiones desconectadas del entorno en el cual se desenvuelve. Por el contrario, la integración es la resultante de una estrategia de desarrollo regional con una visión y misión de largo plazo consistente con la cultura y los valores de las sociedades que participan en la misma. 

Podríamos señalar que más allá de las excepciones, nuestra región no tiene una estrategia bien definida y esa ausencia de estrategia nos perjudica a todos.

Uno de los factores más negativos que no permitió integrar nuestras economías fue el acendrado centralismo geográfico que caracterizó históricamente a gran parte de Latinoamérica. Las grandes ciudades como San Pablo, Buenos Aires o Santiago de Chile son el resultado de una cultura basada en un excesivo centralismo que posiciona geográficamente el poder de decisión, la riqueza, las principales actividades culturales, económicas, políticas y sociales en un espacio muy reducido al cual el resto de los territorios tributan recursos y establecen una relación de clara dependencia. 

A su vez esta concentración no es casual ni responde solo a factores históricos o a una ideología predominante, sino que se apoya en una concepción organizacional y estratégica basada frecuentemente en el debilitamiento de las instituciones y en liderazgos excesivamente personalistas. 

Este enfoque cultural favorece a una concepción económica donde priman las actividades extractivas y de producción con poco valor agregado. En ese sentido, el mundo nos ha considerado y en buena parte continúa considerándonos, como buenos proveedores de materias primas de bajo valor agregado producidas gracias a nuestros enormes recursos naturales. Somos para muchos el almacén de materias primas del mundo y no esperan de nosotros demasiados esfuerzos en agregar valor a lo que producimos. En esta visión se nos considera casi como economías extractivas.

En un entorno económico caracterizado por la concentración de recursos y decisiones es más fácil negociar la extracción de las materias primas sin comprometer valor agregado. Las características corporativas que presenta una sociedad organizada de esa manera permite agregar en la organización corporativa a las grandes empresas dedicadas a la explotación de recursos naturales que tiene el capital necesario, la logística y el conocimiento tecnológico.

Las consecuencias de esta característica de la estructura económica regional en cuanto a organización económica y social, distribución del ingreso, educación, ocupación, niveles de remuneración del trabajo, acumulación de riquezas, distribución regional de actividades, infraestructura y desarrollo tecnológico no son particularmente beneficiosas, en especial en el contexto de la sociedad del conocimiento.

Los graves problemas de pobreza, desocupación, trabajo precario, diferencias sociales, inestabilidad de las reglas de juego, incertidumbre y bajo nivel de calidad de la educación son algunos de los condicionantes para pretender un proceso de integración razonablemente exitoso y a su vez son consecuencia de estas actitudes culturales favorables a la concentración. 

Cuando la integración progresa es más fácil encontrar los rasgos de un enfoque estratégico que permita posicionar la región en el contexto global y además existen mejores posibilidades de que se produzca un proceso de convergencia.

 

8.4 Elementos para una nueva organización de la economía regional 

En este marco de referencia es interesante identificar y definir algunos factores esenciales que podrían ayudar a cambiar la organización económica prevaleciente en nuestra región y la estrategia de crecimiento que deberíamos tener para los próximos años. 

Entre estos factores podríamos mencionar, en primer lugar, a aquellos que serán herramientas imprescindibles en la sociedad del conocimiento y que podríamos resumir en lo que se denomina capital social e intelectual. Otros factores están más relacionados con aspectos referidos al problema de la concentración regional de recursos y el poder de decisión, donde el federalismo y las alianzas interregionales cumplen un papel preponderante. Por último es importante detenernos en el análisis de los conglomerados de actividades y cadenas de valor como así también en los factores necesarios para su desarrollo, tales como la infraestructura regional y los mercados regionales de capital. 

¿Cuál es la forma en que podemos lograr una economía más compleja, con mayor valor agregado y una masa crítica de conocimientos que nos permita competir y crecer en forma más eficiente descentralizando geográficamente la economía Latinoamericana?

En primer lugar, tal como lo mencionamos al comienzo la región debería tener definidos un conjunto básico de objetivos consensuados que nos identifique, nos cohesione y nos ayude a encontrar un lugar en el mundo globalizado. De alguna manera es el camino por el que están transitando gran parte de los países asiáticos. 

Los dos pilares básicos sobre los que debería asentarse este consenso son los siguientes:

- El fortalecimiento de las instituciones

- El mejoramiento del proceso educativo

Sobre estas bases podríamos pensar en algunos instrumentos o herramientas que colaboren en la superación de las debilidades regionales y contribuyan a la inserción de Sudamérica en el mundo.

A continuación enumeramos algunas de ellas:

8.4.1 Capital social e intelectual

Con el propósito de simplificar el concepto consideraremos en este trabajo al capital social en un sentido general que podría resumirse en la capacidad de colaboración entre los distintos sectores de la sociedad. Sudamérica tiene muchas dificultades para generarlo porque la mayoría de las sociedades están fragmentadas, en una permanente confrontación donde se utilizan gran cantidad de energías por obtener beneficios particulares perdiendo de vista el interés general. Aún peor es la recurrente destrucción del capital social cuando todo parece indicar que es un factor productivo, en algunos aspectos, más importante que la posesión de recursos naturales. 

A su vez el capital intelectual requiere mayores esfuerzos en educación e investigación y desarrollo. El capital intelectual, a nivel empresario, podríamos definirlo como la suma del capital humano más el capital formado por los activos intangibles tales como la organización empresaria, la clientela, los procesos y la innovación. La generación del capital intelectual se produce fundamentalmente a través de la educación y de la investigación y desarrollo.

Ambos conceptos, capital social e intelectual, están estrechamente relacionados porque para generar capital social hace falta un buen nivel educativo por parte de quienes colaboran en construirlo y además se requiere saber trabajar en equipo. A nivel productivo, una educación demasiado generalista sin el complemento de un buen grado de especialización que implique intercambio de conocimientos y una alta productividad individual en los aspectos específicos que forman parte del conjunto no contribuye a la armonía y el consenso que requiere la producción de bienes y servicios transables en la economía global. 

El Gráfico 8.2 muestra el porcentaje de gastos en Inversión y Desarrollo sobre el PIB para un grupo de países sobre el eje vertical y el porcentaje de Gastos en Educación Superior sobre el PIB sobre el eje horizontal. 

Un simple análisis gráfico nos permite identificar los países más desarrollados por encima de la línea de tendencia. 

 

8.4.2 Federalismo y descentralización 

Otra herramienta básica para cambiar la organización económica de nuestra región es poner en funcionamiento un sistema federal que conduzca a la descentralización geográfica para atender a las regiones que tienen un menor desarrollo económico y lograr un aprovechamiento integral de los recursos naturales disponibles. El federalismo en América Latina es muchas veces una expresión formal sin sustento real donde la excesiva concentración en unas pocas jurisdicciones obstaculiza el progreso económico y social del conjunto. 

Una prueba de la concentración de recursos, ingresos y decisiones en la capital de un país es el caso de Argentina. Tomando el concepto de Producto Bruto Geogáfico per cápita, la provincia de Formosa en el noreste de Argentina tiene solo el 11,7% del que promedio del ingreso per cápita de Buenos Aires. Si tomáramos la población rural de ambos distritos la diferencia sería aún mayor.

Una política de descentralización que otorgue mayor automomía a las regiones que componen un país permitiría una mejor formación de capital social y el fortalecimiento de las redes productivas. Las relaciones institucionales y personales tienen la ventaja de un mejor acceso al conocimiento del entorno y a la mayor oportunidad y frecuencia del encuentro entre las partes, que hacen posible contrarrestar la tendencia a la fragmentación y a la división. 

Por cierto que en el contexto del sistema federal no se trata de llevar la descentralización al otro extremo sino encontrar un punto de equilibrio que tenga por objetivo lograr la desconcentración y el mejor funcionamiento de la sociedad y de sus sistemas productivos. 

 

8.4.3 Alianzas interregionales  

La descentralización regional que debería producirse dentro de cada uno de los países del Cono Sur requiere para consolidarse y colaborar a la generación de valor en condiciones competitivas, un proceso de alianzas interregionales que refuercen los vínculos de la integración. La formación de un red de alianzas no debería limitarse dentro de la fronteras de los países sino que por el contrario tendría que colaborar con la integración entre los mismos favoreciendo el comercio y la formación de empresas binacionales. Los ejemplos de Atacalar, Zicosur y Crecenea-Codelsud son casos de acuerdos entre regiones de distintos países que resultan particulamente interesantes al aumentar el intercambio comercial, el número de proyectos binacionales y las obras de infraestructura en marcha. 

El nivel de participación de la sociedad civil en los denominados Comité de Frontera o de Integración entre Argentina y Chile sorprende en forma positiva, especialmente la interacción entre instituciones pequeñas involucradas en aspectos específicos y concretos de gran interés para las comunidades a las que pertenecen. El protocolo y la burocracia no interfieren y el seguimiento de las propuestas se ajusta más a agendas específicas cuyo seguimiento es más eficiente debido a la cercanía geográfica de los participantes y a la naturaleza práctica de los objetivos fijados. 

Entre las iniciativas que se implementaron en el Cono Sur observamos en el Mapa 8.2 a las regiones anteriormente mencionadas. La primera de ellas está recibiendo una importante inversión minera y el impulso que le otorga el desarrollo de los pasos cordilleranos de San Francisco y Pircas Negras. Cabe mencionar que alguno de estos acuerdos fueron anteriores al propio Tratado de Asunción, como el caso del programa de integración Crecenea-Codesul que se inició en el año 1988. 

8.4.4 Conglomerados productivos

Los conglomerados productivos o clusters son grupos de emprendimientos de una determinada actividad en un mismo espacio geográfico. La proximidad posibilita a sus integrantes un acceso privilegiado, relaciones estrechas, una mejor información, el aprovechamiento de las economías de escala y otras ventajas competitivas.

Para consolidar los procesos de integración regional es necesario obtener una masa crítica de emprendimientos regionales que generalmente se agrupan en los conglomerados que acabamos de describir.

Sudamérica, a pesar de algunas excepciones, no ha prestado atención suficiente al desarrollo y manejo de los conglomerados productivos y al buen manejo de las cadenas de valor. A mayor concentración de competidores, proveedores, clientes, centros de investigación e universidades, mercados de capitales, agencias de promoción, infraestructura y otros componentes del proceso productivo similares es más probable que se produzcan sinergias, planificación conjunta, búsqueda de nuevos mercados, reducción de costos e innovación.

8.4.5 Desarrollo de las cadenas de valor 

La cadena de valor es un sistema de entidades, actividades, información y recursos que están relacionados con la tarea de transformar materias primas y componentes en productos y servicios finales y que comprende un ciclo productivo, comercial y logístico completo desde los proveedores de insumos hasta el servicio post venta. 

Un ejemplo interesante es la cadena de valor de los granos oleaginosos que involucra un conjunto importante de industrias provedoras y operadores logísticos.

 

8.4.6 Mercados regionales de capital 

Otro factor de cambio es la formación de mercados regionales de capital para canalizar el ahorro hacia la inversión, aumentar la transparencia de la información, promover emprendimientos y separar los módulos de propiedad, gobierno y gestión en las unidades productivas posibilitando una mejor distribución del valor producido.

Los mercados de capital regionales tienen la ventaja adicional del conocimiento, la transparencia y frecuentemente el conocimiento personal o institucional entre el prestamista y quien solicita el crédito. Su desarrollo es muy difícil pero cuando se logra resulta una herramienta útil para la formación de los conglomerados y cadenas productivas eficientes. El acceso al crédito es esencial para salir de la trampa de las economías poco diversificadas y orientadas a productos de escaso valor agregado.

 

8.4.7 Infraestructura

Por último no podemos descuidar la importancia del desarrollo de la infraestructura. La infraestructura física tiene un papel relevante cuando debemos recorrer largas distancias terrestres en esta parte del mundo, que sabemos, está muy alejado de los principales centros de consumo mundial. 

Las posibilidades para que Sudamérica desarrolle su infraestructura son excepcionalmente buenas. Por ejemplo, la región cuenta con más de 52.000 kilómetros de hidrovías que hoy están en su mayor parte desaprovechadas. 

Chile tiene la ventaja que gran parte de su territorio es perfectamente accesible desde la costa del Pacífico reduciendo el costo de transporte y generando una logística muy eficiente aplicada a las cadenas de valor de productos perecederos de contraestación y primicias. La velocidad del manejo de cargas y despacho le otorgan un perfil competitivo único. Sin embargo Chile necesita incorporar parte del hinterland de sus puertos que queda del otro lado de la cordillera. En ese sentido la agilización de las obras de los pasos cordilleranos es esencial. 

 

8.5 Un ejemplo: la región Atacalar 

Debido a que existe una clara relación entre los factores mencionados en el punto anterior y su interacción a nivel de las economías regionales, resultará interesante hacer referencia a un caso particular de integración y desarrollo que podría ser un ejemplo para otras regiones. Este caso es el de la Región Atacalar, conformada por la III Región de Chile y las provincias argentinas de Catamarca y La Rioja. 

Para que la integración regional se produzca efectivamente hay que identificar y definir claramente los desafíos más importantes a los que se enfrenta. En Atacalar las ventajas competitivas y los recursos naturales están geográficamente distribuidos en forma desigual por lo que su complementación genera sinergias. Por ejemplo, la III Región de Chile tiene la llave de salida al Pacífico y a su vez cuenta con la fortaleza institucional y los tratados internacionales que facilitan la integración de este territorio con el resto del mundo. 

Contrariamente, Catamarca y La Rioja han estado económica y geográficamente aisladas, sin las condiciones logísticas esenciales para el comercio exterior y con problemas sanitarios para su producción agroindustrial debido, en gran parte, al acendrado centralismo geográfico del país. Sin embargo, Catamarca y La Rioja tienen agua y tierras en abundancia que no están siendo aprovechadas. Además, sus ventajas se potencian porque la Pampa Húmeda argentina se desplaza cada vez más hacia el norte acercándose a ellas y complementándose. 

En ese sentido, la III Región de Chile necesita integrarse con los recursos existentes del otro lado de la cordillera. El desierto de Atacama es uno de los más áridos del mundo, por lo tanto sus recursos hídricos disponibles son muy escasos y se carece de tierras irrigables y con potencial agrícola suficientes.

Combinando los atributos de una y otra región, las debilidades de cada una de ellas se transforman en fortalezas. Ambas regiones, la chilena y la argentina, tienen recursos agropecuarios, mineros y turísticos que comparten. Pueden producir en forma casi exclusiva en el Hemisferio Sur alimentos en contraestación y primicia, tienen una de las reservas mineras más importantes del mundo y sus recursos turísticos son muy atractivos. Respecto a estos últimos, están menos amenazados por el flagelo del terrorismo y los desastres naturales que los centros turísticos más conocidos a nivel internacional. 

Por último, debemos señalar que las jurisdicciones subnacionales de la III Región en Chile como La Rioja y Catamarca en Argentina están bastante lejos de la capital de sus respectivos países, en un momento que parece cuestionarse más que nunca la excesiva concentración de la población, la economía y las decisiones en los principales centros urbanos de Latinoamérica. 

Todos los factores mencionados ratifican que la Región Atacalar es mucho más que la suma de las partes que la componen y que tiene un papel fundamental en una nueva estrategia regional que está comenzando a delinearse. Solo falta poner en marcha los mecanismos que permitan lograr las sinergias del trabajo en conjunto mediante un significativo número de emprendimientos públicos y privados de un lado y el otro de la Cordillera. 

A modo de síntesis, puede mencionarse que para plasmar estas oportunidades en una realidad concreta hace falta una masa crítica muy densa de pequeños, medianos y grandes emprendimientos de ambos lados de la Cordillera. La inercia de los mismos y la multiplicación de las cadenas de valor binacionales le darán un impulso a las grandes obras, tales como un ferrocarril, que para que se hagan realidad requieren del consenso de quienes las financiarán a largo plazo. Ese consenso puede lograrse más fácilmente cuando está basado en un fuerte crecimiento de las actividades económicas con la activa participación de una gran cantidad de emprendedores. 

 

8.6 Consideraciones finales 

Cuando hablamos de la oportunidad de combinar recursos y descentralizar actividades, decisiones e ingresos no estamos rechazando la oportunidad que implica poder explotar recursos naturales que nos permiten generar recursos externos abundantes.

Los efectos negativos sobre el conjunto de la economía de una concentración excesiva de la actividad económica en la producción de commodities no significa que debamos dejarlas de lado. Por el contrario se trata de utilizar esas materias primas combinadas con ventajas competitivas que les agreguen valor y complementen una economía mucho más diversificada. 

Por ejemplo, Argentina y Brasil en conjunto son hoy los principales productores de soja en el mundo, superando a los EE.UU. Las posibilidades que brinda el suelo y clima de ambos países, junto a Bolivia, Paraguay y aún Uruguay frente al gran crecimiento de la demanda en Asia no son menores. El gran desafío es transformar la soja en productos de mucho más valor agregado.

Un primer escalón es hacerlo convirtiendo soja en carnes. Un ejemplo en ese sentido son las exportaciones de salmónidos desde Chile que hoy casi duplican las exportaciones de las carnes argentinas. Este fenómeno ocurrió en tan solo una década y es un ejemplo de las enormes posibilidades que nos brindan los recursos que disponemos. Los biocombustibles son otro capítulo de gran importancia en la integración y que podrían beneficiar a países como Uruguay y Chile donde no hay abundancia de combustibles fósiles.